No fue el Diablo….. Fue una ricachona ofendida

Por: ALFONSO DAVID DURAN MORALES………………..

En mis recorridos por la ciudad de Ibaguè, nunca pensé encontrarme una versión diferente a la presencia del Diablo, en el club mas popular de la época de los años cuarenta del siglo XX, en nuestra ciudad.

En esa época, la mejor “Rumba” de la ciudad se adelantaba en un club muy popular, llamado “EL CLUB BALTAZAR”, ubicado en lo que hoy conocemos como el barrio del mismo nombre,

Allí toda la población de Ibague se encontraba para pasar un domingo en familia, donde ademas del río, se tenia piscinas surtidas con el agua del mismo rio, la plaza de toros y un kiosco “bailadero”, donde era obligatorio terminar el día de “Julepeo”con la pareja y que para algunos era hasta altas horas de la noche, casi que amanecer al lunes, que la “rumba” terminaba.

Hasta hoy la historia que había grabado mi mente, era que un fin de semana muy concurrido y pleno de gente de repente un señor muy elegante invito a bailar a una de las niñas mas bonitas del lugar y que al son del “Ron de Minola”, se le fue transformando, volviendose peludo, con cola ojos botando candela y sus manos se transformaron en cascos de caballo, algo que la gente termino llamando “El diablo”.

El lugar de inmediato fue evacuado y el chisme no espero en regarse, tanto así que el clero local prohibió que se escuchare ese tema musical, porque según ellos, era el provocador de tal situación. Ademas que ya el sitio era considerado de perdición para algunas familias conservadoras de la capital musical.

Pues ahora la historia me cambia de un momento a otro al encontrarme en mis recorridos por la ciudad, con la señora Antonia*, una abuela, residenciada en el barrio la Vega, que cruza ya los 70 años de vida y que en sus años de juventud “rumbeaba” en ese sitio.

Ademas de contarnos lo esplendoroso que era el sitio, rodeado de arboles, del río combeima, una buena piscina, la plaza de toros y el calor de la gente que acostumbraba ir allí; también nos relato que ese sitio era muy visitado por un importante profesional de la ciudad, donde al final termino consiguiendo amante, ya no respetaban el ojo critico de los residentes.

Un día a la señora del profesional aquí narrado,  una “ricachona” de Ibaguè, le llego el comentario que su marido de manera semanal llevaba a ese sitio a una jovencita muy bonita, de cachetes rosaditos, blanquita, “parejita”, lo que la hacia muy atractiva y que sin rubor alguno la presentaba a sus conocidos como su amiga.

Pues la dama no tardo en visitar el sitio y darse cuenta de la situación, lo que la obligo a contratar a uno de sus amigos, el mas elegante, el mas viril para que sedujera a la amante de su marido, con tal planeación, que organizaron detalle a detalle la transformación de hombre a bestia, con el resultado que los Ibaguereños conocemos, donde la gente salio despavorida y evitaba volver alli. Contando con la anuencia del monseñor de turno, quien les ayudo también desde el púlpito a satanizar el sitio.

De manera posterior las avalanchas del rio combeima se llevo lentamente las estructuras que quedaron alli abandonadas

Para mi no es lejano a la realidad, ya que en nuestra ciudad se acostumbra acabar con la imagen de algunos sitios, usando la calumnia o quien me dice el cuento de los tamales ortegunos, la panadería Mateus, entre otros.

*Antonia en un nombre que le hemos puesto a la que nos relato la nueva versión de esta historia

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